Cabeceros: alturas, formas y anclaje correcto
El cabecero define la cama y el dormitorio, y aquí las medidas importan más que la forma. La altura total habitual va de 110 a 140 cm desde el suelo; para que funcione como respaldo al leer, el acolchado debe superar el colchón en 60-80 cm. Con un colchón de 30 cm más base de 20, eso significa cabeceros de 110-130 cm. Por encima de 140 cm entra el terreno del cabecero monumental, que exige pared limpia y sobre todo techo alto: en cuartos de 2,40 m de altura, un respaldo de 150 cm y una lámpara colgante se pelean el espacio.
Sobre formas, tres familias cubren todo: el panel recto, el más eficiente y el que cabe en cualquier dormitorio; el capitoné o con botones, que reparte mejor la presión y envejece bien, aunque recoge más polvo en las hendiduras; y las formas curvas u orgánicas, fotogénicas pero con tapizado más caro por el mayor consumo de tela y el trabajo manual de curvado. Mi consejo práctico: si el presupuesto es medio, capitoné en el centro y panel liso en los extremos da el 80 % del efecto con un coste sensiblemente menor.
Y el anclaje, que es donde más camas fallan: el cabecero debe ir unido al armazón con pernos pasantes de acero y soportes en L, nunca solo atornillado por detrás. Si la cama se mueve al empujar el respaldo —pruébelo siempre—, acabará marcando la pared y aflojando la unión en meses. En camas de 180 cm, exija además dos puntos de anclaje, uno por lado.